Sónar 2012: resumen del jueves 14

Como una piltrafa, hemos acabado tras el Sónar por el desgaste físico que supone intentar llegar a todo lo que se pueda ver de su programación. Pero sarna con gusto no pica, y los asistentes al festival nos hemos llevado un puñado de recuerdos imborrables a cambio de un poco de nuestra salud. En los próximos días repasaremos parte de las sesiones y actuaciones que se pudieron ver en cada una de sus tres jornadas.
Teniendo en cuenta que el festival empieza en jueves y a las doce del mediodía, está claro que no habrá baño de masas para el músico al que le toque inaugurar escenario, como ocurrió con el peruano Chico Unicornio en el Dôme. Vestido con la camiseta del Barça (“Unicornio” y el nº 18 a la espalda), y ataviado, primero, con una barba blanca, y luego con una cabeza de gorila, intentó animar al poco personal reunido en la carpa con sus temas de electrónica sintética y psicodélica, mejor cuando enlazó un par de piezas de electro-salsa, y peor cuando se limitó a pinchar una especie de ‘hits’ sudamericanos de noise-pop. Listón bastante bajo que sobrepasó fácilmente Koulomek en el Complex con su directo ‘retrogaming’, o selección de bandas sonoras de videojuegos 16-bits modificadas con ritmos y efectos sonoros adicionales. Desde cartuchos dedicados a Indiana Jones, Los Simpson, Batman, o incluso Michael Jackson (demencial “Bad” en sonido electrónico comprimido) hasta clásicos como Street fighter, Kirby’s adventure, Golden Axe, Streets of rage, y, como no, Sonic y Super Mario hicieron acto de presencia en el divertido y bailable ‘bolo’ del artista barcelonés, en el que el público podía hacer sus peticiones, reflejadas en la pantalla del escenario (los visuales eran escenas de los propios videojuegos), a través del Twitter del músico. Eso sí, faltó esa ‘jukebox’ hecha videojuego llamada Tetris! y eso que se lo pidieron.
Ya a primera hora de la tarde, el sello angelino Brainfeeder ocupó el Village con una serie de actuaciones que, fuera por inspiración de la propia propuesta o por el sonido del escenario, fueron de menos a más. Lapalux abrió fuego realizando eficazmente su cometido, que era el de acompañar la digestión con ritmos suaves y texturas sonoras cálidas y sedosas. Le siguió un Jeremiah Jae cuya actuación se vio vitalmente lastrada por un volumen excesivamente bajo del micrófono (y estamos hablando de un rapero, señores/as) que empalidecía sus rimas (no es que fueran especialmente agresivas, pero sí las hacía menos notorias) frente a los algo narcóticos ‘samplers’ de música negroide setentera, tirando hacia la languidez propia del ‘lounge’, que lanzaba. Terminó haciendo la guerra por su cuenta (y despoblando de público las primeras filas), con el micro a un lado, y jugando con efectos sobre bases más oscuras y crípticas, en lo que, paradójicamente, fue la parte más brillante de su actuación. Reválida al canto para este jovenzuelo de 21 años de edad. Tampoco tuvo el mejor de los sonidos el concierto de Thundercat -en la foto de abajo-, que, como Unicornio, se decidió por el fútbol para empatizar con el personal (creyendo, claro, que éramos mayoría local), vistiendo una camiseta de la selección española de mediados de los noventa (¿quizá la del Mundial USA ’94?). Pese a esa pared invisible que se forma entre un sonido deficiente y el espectador a la hora de hacer de un concierto una grata experiencia (a Stephen Bruner, al bajo y la voz, le acompañaba un batería y -casi imperceptible- un teclista con sintetizador y órgano), dieron un concierto disfrutable (más con la cabeza que con el corazón, sin duda) en el que el jazz y la pop-psicodelia futurista y ligera de su sonido fueron fantásticamente desarrollados (largos desarrollos, algunos) por una pericia instrumental muy atinada, nada regodeante. Esperemos que pase por sala cuando regrese a Barcelona.

Como jefe de todo el asunto y músico insigne del sello, Flying Lotus -en la foto del encabezado- se lo había pasado bomba toda la tarde, entrando y saliendo de las actuaciones de sus ‘cachorros’, ya fuera para llevarles bebida, animar al personal, o hacer comentarios que quedaron entre él y la oreja a la que hablaba. Todo este ‘groove’ y bienestar fluyó deliciosamente en su actuación, demostrando su habilidad a la hora de manipular los graves (más en un festival en el que, sobretodo de noche, éstos eran puñetazos gigantescos) y darle ritmo a su ecléctica colección de ‘samplers’, con una dinámica bien conducida cruzara por el dub, el jazz, el pop espacial, o el rap. Sin embargo, tras unos problemas técnicos que obligaron a parar su hasta entonces inspirado concierto, llamó a escena a dos Thundercat (uno de ellos Bruner, claro, esta vez con una armadura de combate de los sayajins -o sea, Vegeta y demás- de “Bola de dragón” puesta) y decidió pinchar, porque se lo pedía el cuerpo, “I want you back” de los Jackson Five y otro tema, ambos con mínimos añadidos por parte de los tres. Recurso tan facilón como absurdo que sólo empañó una notable actuación.
Bastante peor fueron las cosas, a continuación, en el Complex, con la actuación de unos Trust cuyo synth-pop gótico se hizo mucho más monótono y machacón que en disco, dejando la sensación de que uno estaba viendo una mezcla poco apetecible de lo más burdo de Gary Numan y lo más ‘light’ de Alec Empire, con Brian Molko (Placebo) a la voz. Por suerte, el brasileño Ricardo Donoso, nombre recuperado de la edición paulista del Sónar, sacó a pasear su techno cósmico y granítico en una rítmica y sólida actuación (mejor como ‘desengrasante’ festivalero que como concierto en solitario, probablemente) que tan sólo quedó algo afeada por el choque de texturas entre el sonido ‘kosmiche’ de los sintetizadores y los ritmos digitales.
(fuente imágenes: Sónar (Óscar García) / Sónar (Óscar García))
Esto también te interesará:
1 comentario
-
[...] los que éramos niños en la época de la Mega Drive, la Super Nintendo, etc.) e interesantes de la primera jornada del Sónar 2012. Ahora, el artista de los 16-bits nos ha hecho llegar a “Zonamusica” un vídeo con [...]