Ruidos de tinta: “Ella me confundió con otra persona” de Nacho Vegas

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No sé si por la competitividad constante que nos han inculcado o por vanidad sentenciosa, las listas con lo mejor del mes/año/lustro/década/siglo/historia/infinito espacial siempre buscan un número uno, aquel al que se pueda señalar, usualmente, además, mezclando churros con merinas. Así que no sé si Nacho Vegas es el gran letrista español de los últimos tiempos, pero sí es, sin duda, uno de los mejores escritores de canciones que tenemos en este país, y ejemplo de ello es el texto que hoy comentaremos en “Ruidos de tinta”.

Y es que, tras su apariencia de enésima tonada sobre un amor destructor, “Ella me confundió con otra persona” describe la relación del cantautor asturiano con una fémina no menos fulminante: la creatividad.

Un texto tan rico en dobles lecturas que, prácticamente, hay que parar a comentar cada pareja de versos: ya desde el mismo estribillo (“ella me confundió con una persona que, obviamente, no era yo”), el de Gijón -o el personaje de su canción- parece decir que es un error que la sensibilidad acentuada que conlleva la creatividad recaiga en alguien tan débil como él, sensación que reitera (“Dijo que sí, siempre estaría allí [la creatividad] / y después pretendió que le diera las gracias” ; “¿Qué más da? Se trata de errores [cada cancion] / Qué más da, si el peor de ellos fue / que ella me confundió(…)” ; “¿Qué más da que el amor [la inspiración] renazca? / Qué más da, si en el fondo yo sé / que ella me confundió(…)” ; “‘Dios mío, haz que me olvide o que se muera’ [doble referencia a la sensibilidad creativa]), junto a la de la abducción creativa (“Ella gritó [momentos de abundante inspiración], y después susurró [frase sueltas y/o melodías que se le ocurren a uno] / y en ningún caso yo entendí una palabra” ; “Ella aportó ante el juez cartas [letras], y / yo juraré que aquella no era mi letra” ; “O puso en mi boca frases [canciones] que a mí / me sonaban a pura jerga extranjera” ; “Señor juez, esa no es mi ropa [la música]. / No, aquel no es mi neceser [la guitarra]), la adicción a ella (“Comenzó [el impulso creativo] una noche cualquiera / y aún no lo he sabido parar” ; “Ella volvió [la inspiración], oh sí, ella volvió / no tardó en declararme su amor tan profundo. / Hagamos que todo empiece otra vez [el acto de componer] / y termine con el polvo [canción] más triste del mundo”), y un punto de reivindicación personal (“Me señaló, dijo: ‘es el mismo error’ [una canción se parece a muchas otras] / yo traté de explicar que era un error diferente”) y de plagio ajeno (“Una noche salí, vi a un anciano [ídolo músical] morir, / me quedé, y le robé su dentadura postiza. [sus referentes de los años sesenta y setenta 'saqueaban', a su vez, a los artistas de 'blues' de décadas anteriores] / Ahora sí, ya te puedo mirar / y lucir a la vez una enorme sonrisa [buena melodía]).

El tema aparece en el álbum “Desaparezca aquí” (2005), un trabajo abundante en textos tan desoladores como sarcásticos, precisos e inspirados, que también incluye el primer hit de Vegas, “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, y precedió el empujón mediático que le proporcionó “El tiempo de las cerezas” (2006), su disco a pachas con Enrique Bunbury. A continuación, tenéis la letra completa de la canción (la cual podéis escuchar clickando sobre el título):

Ella me confundió con otra persona

Ella gritó, y después susurró,
y en ningún caso yo entendí una palabra.
Dijo que sí, siempre estaría allí,
y después pretendió que le diera las gracias.
Comenzó una noche cualquiera,
y aún no lo he sabido parar.

Ella corrió, dijo: “ven tras de mí”,
y el polvo que levantó me cegó completamente.
Me señaló, dijó: “es el mismo error”,
yo traté de explicar que era un error diferente.
¿Qué más da? Se trata de errores.
Qué más da, si el peor de ellos fue
que ella me confundió
con una persona que, obviamente, no era yo.

Ella aportó ante el juez cartas, y
yo juraré que aquella no era mi letra.
O puso en mi boca frases que a mí
me sonaban a pura jerga extranjera.
Señor juez, esa no es mi ropa.
No, aquel no es mi neceser.

Una noche salí, vi a un anciano morir,
me quedé, y le robé su dentadura postiza.
Ahora sí, ya te puedo mirar
y lucir a la vez una enorme sonrisa.
¿Qué más da que la gente muera?
Qué más da, si tienen que morir.
Ella me confundió
con una persona que, obviamente, no era yo.

Me lo podéis discutir, y hasta contradecir,
pero sé lo que viví, rezando día y noche así:
“Dios mío, haz que me olvide o que se muera”.

Ella volvió, oh sí, ella volvió,
no tardó en declararme su amor tan profundo.
Hagamos que todo empiece otra vez,
y termine con el polvo más triste del mundo.

¿Qué más da que el amor renazca?
Qué más da, si en el fondo yo sé
que ella me confundió
con una persona que, obviamente, no era yo.

(fuente imagen: 20 minutos)

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