Primavera Sound 2012: resumen del viernes 1

En un Primavera Sound en el que todo el mundo coincidía en que no hubo la sensación de masividad que sí hubo el año 2011, el viernes fue, de largo, el día más concurrido, debido a la esperada actuación de casi tres horas de The Cure.
Antes, no obstante, se produciría otra de las imágenes históricas de la edición de este año (y de la trayectoria del festival en general) cuando dos leyendas musicales como Elíades Ochoa y Toumani Diabaté, junto al más joven pero igual de talentoso Bassekou Kouyate, y el resto de músicos de Afrocubism -en la foto de arriba- (el guitarrista Djelimady Tounkara; el cantante Kassé Mady Diabaté; el balafonista Lassé Diabaté, el ‘tamista’ Bassa Sissoko, y la banda de Ochoa, Cuarteto Patria) salían al escenario Ray-Ban para abrir una brecha entre el rock garajero destartalado y el pop sintético de nuestros ‘indies’ días, y darle colorido a la programación a base de rítmicos sonidos africanos y cubanos. Tras una introducción pedagógica (Toumani explicó que el origen del contacto entre ambas comunidades se remonta a los años sesenta, cuando hubo una estancia de estudiantes malienses de música en La Habana), pocos fueron los parones y muchos los bailes al son de los temas de salsa, rumba africana, o son cubano, entre otros estilos, que se interpretaron, con impresionantes ‘solos’ de kora, balafon, ngoni, y hasta maracas, y un sonido más que aceptable, pese a que el contrabajo se ‘comía’ por momentos al resto de instrumentos cuando entraba en acción. Un recital delicioso que registró una buena afluencia de público en el tercer escenario con más aforo del festival, si bien a medida que se acercaba la hora del concierto de The Cure la gente empezó a desfilar hacia el escenario San Miguel, quedando el panorama mucho más vacío. Espero que alguien le explicara la situación a Ochoa (qué triste y significativo, por otro lado, que se dirigiera a nosotros ¡en inglés!), Diabaté, y compañía, y no se llevaran el disgusto de pensar que la gente huía de su música.
Peor suerte corrió Christina Rosenvinge -en la foto de abajo-, que vio como el grupo de Robert Smith y la banda de rock americano The War On Drugs se agenciaban parte de su público potencial, y resultaba devastador ir acercándose al escenario Mini -el segundo de mayor dimensión-, y oirla cantar aquello de “mil pedazos de mi corazón / volaron por toda la habitación” de su balada “Mil pedazos”, mientras las alrededor de 100 personas congregadas hacían aún más patente el vacío en esa inmensidad de cemento. La actuación, en la que participó Refree, y tuvo como invitado puntual en un puñado de temas (incluido, como no, “Debut”, donde él canta) a Chris Brokaw -que dos horas más tarde tocaría con su banda, Codeine-, electrizaba el repertorio que mes y medio antes habíamos escuchado en acústico en Luz de Gas, y en varias ocasiones dicha crudeza sonora chocó con las melodías de las canciones en lugar de envolverlas, echándose de menos una mayor fluidez musical. Distorsión y ruido que, eso sí, casaron fantásticamente con temas como “Mi vida bajo el agua”, o su inmensa “Eclipse”, con la que cerró su actuación.
Lo de Dirty Three, por su parte, no fue un pellizco eléctrico, sino una guindilla incrustada en el trasero. A diferencia de su visita en el PSound del 2007, el oceánico -que no épico- lirísmo post-rock de sus temas únicamente se dejó notar en la penúltima de las kilométricas interpretaciones de las canciones que tocaron, a favor de un nervioso, enérgico, hiperrítmico zarpazo a su repertorio, mientras un verborreico Warren Ellis (parece que Grinderman no ha revitalizado sólo a Nick Cave) hacía comentarios infinitos con referencias medio inteligibles para los que tenemos un inglés estandar sobre ser “una almorrana de Bono” y el público de The Cure, así como soltó la gran frase -sobretodo tras el ‘english speech’ del bueno de Elíades- del festival “hay por aquí alguien que hable castellano? o es demasiado estúpido por mi parte incluso plantearme algo así?”. Un ‘zasca!’ a la altura de su inspirado, imprevisible, y maravilloso concierto.
Codeine era uno de los regresos más esperados este 2012 para mucha gente, pero su actuación estuvo tan falta de alma y profesionalizada (cada músico iba a lo suyo, como si no pusieran ni un mínimo de interés por su parte para disimular que aquello era un paripé para hacer caja), que, más que interpretar su legado ‘slowcore’, se limitaron a reproducirlo. Otros que estaban de vuelta reclamando lo suyo fueron Main, con la diferencia de que su -felizmente- arriesgada actuación fue casi como ver abrirse una puerta interestelar en medio del escenario ATP, a través de la cual llegaba desde quién-sabe-dónde una masa densa, constante, y ensordecedora de ruido cuyos matices iban variando, en plan magma decibélico. Misma o menos cantidad de gente que en el concierto de Rosenvinge (lo cual es muy extraño en un viernes a las dos y media de la madrugada), por lo que, igual que aquel que avista ovnis y luego corre a explicarlo, tuvimos que aguantar miradas y expresiones escépticas cuando le contamos a los demás lo grata que fue la experiencia.
De tan conciso -media hora- pero intenso que fue el ‘bolo’ del dúo británico, dio tiempo de llegar a Obits, y sacudirnos enteros con una sencilla y efectiva dosis de rock garajero con amante indie-rock ‘noventera’ que, sin tirar la casa por la ventana en energía, y, sobretodo, dinámica (quizás por tocar a una hora tan inconcebible -03:00h- para una banda norteramericana), fue suficiente para sacarle brillo a un repertorio con gancho, que no está vendido a peso, y terminar la segunda jornada de esta edición del festival tan agotados como satisfechos.
(fuente imágenes: Primavera Sound (Damià Bosch) / Primavera Sound (Santiago Periel))