La autocomplacencia de Bloc Party en Barcelona

(Sala Razzmatazz 1, 15/05/07) Los británicos Bloc Party lo tenían todo a su favor: dos buenos discos, las entradas agotadas semanas antes de su llegada a la sala Razzmatazz de Barcelona, y una ciudad a la que le encanta ser la versión en miniatura de Londres para el sur de Europa. Con todos esos elementos, ¿qué pudo ir mal?
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"Cocaine won't save you" ("la cocaína no te salvará"), grita Kele Okereke en 'Song for Clay (Dissapear Here)', el tema que abre su segundo disco. En plan moralizador, erigiéndose como (intento de) portavoz de la juventud cosmopolita y desorientada de hoy en día, la que vuelve a necesitar irse todo un fin de semana de 'rave' para escapar de lo que se espera de ella. Y, con todos los respetos hacia el grupo de Okereke, puede que esa filosofía que predican en 'Song for Clay (Dissapear Here)' o 'The Prayer' sea lo que hiciera que el cuarteto 'artie' de Londres saliera a medio gas en su segunda visita a Barcelona. Como si el partido estuviera ganado de antemano (cuando, por supuesto, no sólo no lo estaba sino que puede que empezara con marcador negativo por la tibia acogida que ha tenido A Weekend In The City, su nuevo trabajo).

La culpa no fue, como muchos pensarán, de su , de tempos más reposados que los del acelerado Silent Alarm, porque ni en la efectivísima 'Banquet', disparada en la primera media hora de concierto, consiguieron disipar el fantasma de la desidia. La culpa fue del deficiente sonido y de la distancia que Bloc Party crearon entre grupo y público. Sonaron muchas del primer disco ('Blue Light', 'Positive Tension', 'Like Eating Glass') y del infravalorado A Weekend In The City ('Hunting for Witches', la U2iana 'I Still Remember' y 'Waiting for the 7.18'), pero Bloc Party no justificaron nada hasta la llegada de la colosal 'Uniform': 5 minutos y medio de desarrollo tortuoso salpicado de crítica adolescente en la que el grupo despejó todas las incógnitas que hasta el momento sobrevolaban las luces de neón que servían de fondo de escenario. Y eran muchas. A partir de ahí encararon una recta final que, pese al pobre sonido (algunos todavía nos preguntamos si la guitarra de Kele Okereke estaba enchufada o era pura pose) dejó momentos para el recuerdo, como la doble batería en la resacosa 'Sunday' o las celebradísimas y autocomplacientes 'Helicopter' y 'Pioneers'. Un final más que digno para un concierto irregular de un grupo que pecó de autocomplacencia... a redimirse en el Summercase, toca.