El caso es que en Lord Don't Slow Me Down no sólo tienes envidia de Liam y Noel Gallagher, sino de todo el séquito que los acompaña, y que saborea las mieles del éxito pese a prácticamente ser música mercenarios (ya sé que no llegan a tal extremo, pero casi) y con la ventaja de no tener la presión (de medios, de discográficas, etc) de Liam y Noel. Vamos, un chollo. El documental merece la pena para curioso de baskctages varios -absténganse los envidiosos compulsivos-, y para constatar que Liam Gallagher, el cantante, parece un ente aparte en el grupo: casi nunca está con sus compañeros, y se muestra como el más irascible de todos, siendo Noel mucho más irónico, sociable y, también, cabronazo: en cada entrevista aprovecha para rajar a base de bien de su querido hermanito. Memorable.
Un final de documental como el presente, con audiencias de todo el mundo cantando a vivo pulmón 'Don't Look Back In Anger' sólo hace que tu envidia se transforme en piel de gallina, y que reconozcas que, pese a todo, pese a absolutamente todo, estos dos hermanitos maleducados y normalmente odiosos han escrito algunas de las canciones más memorables de la historia. Y punto pelota.