Hablar de euforia descontrolada cuando sonaron las primeras notas de 'This Is How I Dissapear', a las nueve y media en punto de la noche, sería pecar de ingenuos. Con las entradas agotadas desde hacía semanas, fans haciendo cola en la puerta desde la noche antes del concierto (!) y un apoyo incondicional de tanto revistas musicales como para adolescentes, My Chemical Romance tenían el camino allanado para triunfar. Ellos, sin embargo, un joven quinteto de New Jersey que empezó haciendo punk con toques de hardcore y ahora, tres discos después, practica un rock adulto, irresistible pero consistente con la mirada puesta en el glam de los 70 y el el rock de estadio más ambicioso, no salieron a cumplir. Salieron a comerse el mundo.
Porque sólo así se puede calificar una primera mitad de concierto que fue sencillamente apabullante: sarta de hits para parar un tren, provocar afonía extrema y desatar la locura generalizada. En apenas media hora cayeron 'This Is How I Dissapear', 'Dead', una atronadora 'Welcome To The Black Parade', 'The Sharpest Lives' (todas de su grandioso nuevo disco The Black Parade), aderezadas con 'I'm Not Okay', 'Give'em Hell Kid', 'Cementery Drive' de su segundo trabajo. La sala Razzmatazz se hundió a sus pies, máxime cuando culminaron esta entrada, sin apenas descanso, con los medios tiempos 'I Don't Love You' y 'The Ghost of You', este último de su anterior entrega Three Cheers For Sweet Revenge, el disco que les catapultó a la fama en apenas dos años.
MCR en directo en Estados UnidosEn la segunda mitad levantaron el pie del acelerador, pulsaron la tecla del glam ('Mama', 'Teenagers'), de la balada de turno ('Cancer', a mi juicio lo único prescindible de su repertorio), de la inevitable cara B('Kill All Your Friends', una canción que no entró en el disco por su optimista título muy poco), y de los tres temazos incontestables para acabar de redondear la noche: 'You Know What They Do To Guys Like Us In Prison', 'Famous Last Words' y el colofón final y catártico que fue 'Helena'. Y dejan el escenario tras más de 90 minutos de música sin tregua, con un Gerard Way (vocalista del grupo) ejerciendo de auténtico showman e ídolo de masas y perfecto en su papel, una sección instrumental implacable (especialmente los dos guitarristas). Y sin bises. La gente pedía más, pero de haber vuelto a salir lo hubieran estropeado, porque el de My Chemical Romance en Barcelona fue un concierto redondo, preciso en intensidad y apabullante una vez más, y que nos hace comprender por qué en Estados Unidos e Inglaterra son uno de los grupos de rock más grandes del momento. Volverán pronto, dijo Way ayer, puede que sorprendido ante el karaoke generalizado que se formó en temas como 'Welcome To The Black Parade' o 'Famous Last Words'. Y que lo hagan en un recinto más grande, que tienen fans para ellos, y así arrojaran un poco de luz a todos aquellos que todavía piensan que los jóvenes de este país no pueden ver más allá de La Oreja de Van Gogh o los nuevos Dover. Hay esperanza.

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zonademusica.es comentó
el miércoles, 27 de junioAnna comentó
el jueves, 24 de enero