Si en primer lugar cabe destacar algo, sin duda es el montaje visual que se gastaron estos dos 'hermanitos'. Ellos hicieron la mitad del trabajo (incluso en algunas situaciones salvaron la papeleta), deslumbrando desde el principio a un público absorto por una gráfica fresca y renovada. Y es que bien han sabido apuntarse al nuevo carro del espectáculo, en el que ya no es suficiente hacer bailar, hay que entretener y marcar diferencias. Lo hicieron, y nadie esperaba menos de ellos.
Momentos cumbre de la noche: 'Hey Boy Hey Girl' (con el consecuente desmadre del personal), 'Saturate' (un hit de su nuevo disco que nos dejó a todos con la lagrimilla en los ojos), 'Surface to Air' (más madera para nostálgicos) y 'Galvanize' (eficaz y arrollador pistoletazo de salida). En menos de dos horas, los hermanos químicos repasaron de manera exhaustiva toda su historia sin dejar títere con cabeza. Aunque faltó motivación por su parte, tuvieron a la plebe a sus pies en cada momento, dispuestos a darlo todo, a dejarse el físico en una carpa en la que no cabía ni un alfiler, a vibrar con himnos que a todos nos han marcado la vida en algún momento u otro. Y por si no fuera suficiente, un final a la vieja escuela: Una gran frase inundando las pantallas, “Love is All”. Cuanta razón tienen...
Autor de la crónica: Albert Salinas

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