Pues... la respuesta es sencilla: sí. Son para tanto. Aunque en directo no aporten todo lo que podrían aportar, tienen tablas para cumplir de sobras y hitazos para parar un tren. Ese es su mejor punto a favor: hitazos para parar un tren. Arctic Monkeys pueden dar conciertos normalillos, se lo pueden permitir, porque tienen como base dos grandes discos repletos de buenas canciones, que en directo, aunque no suenen muy pulidas, brillan como himnos generacionales. Es el caso de 'Brianstorm', 'Fluorescent Adolescent', 'Do Me A Favour', 'The View From The Afternoon', 'Fake Tales of San Francisco', esa gloriosa 'I Bet You Look Good On The Danclefloor' que ya nos han acostumbrado a esperar en los primeros minutos de concierto, con las cuales construyen la columna vertebral de un concierto que, con entradas agotadas desde hacía meses, estaba destinado a contentar a la mayoría de los fans.
No a los más exigentes, puesto que el ritmo no se mantuvo durante todo el concierto y algunos temas nuevos o caras B flojearon un poco (aunque ya se sabe que las canciones de estos chicos no entran fácilmente), algo que desde aquí les perdonamos porque preferimos un grupo que no dé demasiado espectáculo pero se moleste en tocar cuantas más canciones posibles, con la directa puesta y sin tapujos, a los grupos que basan su entretenimiento en el espectáculo. Arctic Monkeys son, pese a todo, un grupo a reivindicar: por actitud (sólo les importa su música), por música (sus dos discos son reflejo del nuevo siglo) y porque molan. Y punto.
Por cierto, teloneando estuvieron Reverend And The Makers, que con su directo efectivo y bailable entretuvieron al personal, y de los cuales seguramente oíremos a hablar en lo que a singles respecta (tienen un par o tres de buenas canciones), porque su discurso musical en conjunto aún resulta bastante cojo. Tiempo al tiempo.

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Araújo comentó
el martes, 04 de diciembreEsther comentó
el jueves, 06 de diciembreElizabeth comentó
el miércoles, 27 de febrero