‘opinion’
Enrique Bunbury (Sant Jordi Club – 21/01/2012)

Más allá de la parte de realidad y de ficción que pueda tener toda esa imagen de músico nómada cuyo único hogar es el escenario que ha estado alimentando Enrique Bunbury los últimos ocho años, lo verdaderamente trascendental es que lo parece y lo transmite. El artista maño conduce sus conciertos con un lenguaje corporal de maneras felinas, manifestando comodidad sin bajar la guardia, profesional pero abierto a la espontaneidad (de ahí los titubeos en sus -pocos- monólogos, y el rostro expectativo de los músicos de su banda mientras hablaba), y viéndolo actuar da la sensación de que es su momento preferido del día.
Red Hot Chili Peppers (Palau Sant Jordi – 15/12/2011)
Sin suponer un cambio radical como de la noche al día, Red Hot Chili Peppers dejaron claro que es bastante diferente verlos iniciando gira (como en sus dos últimas visitas, en el 2002 y en el 2006) que finalizándola. Si en aquellos conciertos nos encontrábamos a una banda dubitativa, aún desperezándose, que mimetizaba las nuevas canciones, reproduciéndolas de forma mecánica, el pasado día 15 en el Sant Jordi pudimos presenciar una versión más entonada de sus mismos protagonistas (exceptuando el cambio a la guitarra de Klinghoffer por Frusciante, y la incorporación de dos músicos adicionales: Mauro Refosco a las percusiones, y Steve Warren a los teclados), tocando con una soltura y fluidez suficientes para darle un mínimo de ritmo y constancia al concierto, y así no matar al personal con los tiempos muertos.
¿Por qué bajamos música gratis?
Reflexión extraída de Puddlegum, porque nosotros no podríamos haberlo dicho mejor:
“Imagina dedicar doce meses a trabajar en tu nuevo disco. Das forma a las estructuras de las canciones y consigues que cada canción transmita una emoción a su manera; todo está medido. Tu discográfica independiente te paga para que grabes el disco en un estudio profesional, costándoles eso 30.000 dólares, con un contrato diciendo que pagarás el coste de la grabación y producción en caso que el disco no llegue a las 15.000 copias vendidas.
Todo está planeado. Dentro de seis meses el disco será editado. Los planes de marketing están elaborados, las sesiones de fotos programas, y tu página web está siendo rediseñada. No puedes dormir por la noche ante los gastos que van sumando, pero confías en que la gente compre el disco y te venga a ver cuando estés de gira.
Dos meses antes de la salida prevista, tu agencia de marketing empieza a mandar copias promocionales a blogs musicales de confianza y otros medios. Te emocionas al leer la respuesta de los bloggers. Empieza a crearse demanda por el CD, unos cuantos mp3s se envían para que la gente tenga un primer contacto… pero eso era de esperar.
Entonces algo sale mal. Alguien que ha recibido la copia promocional decide colocar el disco en un sitio Torrent. Ahora cualquiera puede bajarse tu disco gratis y tú no verás ni un sólo céntimo.
Aunque quieres que la gente escuche tu música, también quieres cumplir con la parte de tu contrato que requiere que vendas 15.000 copias.
Las preguntas inundan tu cabeza: Cuando el disco salga oficialmente, ¿lo comprará la gente? ¿O lo descargarán gratis? Si no vendes suficientes copias deberás pagar a la compañía discográfica.
Esta es la situación que la mayoría de artistas afronta hoy en día. Como consumidores, creemos que tenemos el derecho de tener acceso completo a la música, y nos disgusta la idea de tener que pagar por ella. La grabación y el marketing de la música no es gratis, y los consumidores de música no deberían esperar que el resultado final así fuera.”
Ahí queda eso.

