
Hace tiempo que Bob Dylan ya no se molesta en desmentir el sambenito de cantautor protesta y hasta líder espiritual que lleva cargando desde los sesenta entre la gente que desconoce su carrera (sobretodo por los perezosos comentarios sobre su figura que escriben periodistas y redactores que se encuentran en ese grupo). Una etiqueta más que desfasada, como han demostrado las diferentes etapas de su trayectoria profesional, pero que no quita que el músico norteamericano esté dispuesto a colaborar, apadrinar, o dar su visto bueno a proyectos benéficos con las que esté de acuerdo, como pudimos comprobar en España en la Expo de Zaragoza (2008), o en el concierto por la paz organizado en Donostia (2006). Siempre, y solamente, con su música, eso sí.
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