Dos noches con Portishead (Poble Espanyol y Razzmatazz – 22 y 23/06/2012)

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¿Fue “Dos noches con Portishead” un minifestival para curiosos al que fue mucha gente sin curiosidad? Sólo así se entiende la poca afluencia de público en las actuaciones previas y posteriores a las del grupo de Bristol, mientras durante su(s) concierto(s) el Poble Espanyol estaba a rebosar (cerca del lleno total el viernes). A continuación, recuperamos las impresiones sobre lo que pudimos ver.

Baja asistencia más previsible a primera hora, cuando Cuchillo -en la foto de abajo- tuvieron que salir a un escenario bañado por el sol que, pese a ser las seis y media de la tarde, aún sofocaba lo suyo. Abrieron con la espectral “Sombra y Mar”, de su excelente EP “Duat”(2010), pero a partir de entonces los de Barcelona centraron el corto repertorio -cinco temas; media hora- de su actuación en su recientemente editado nuevo trabajo, “Encanto”(2012), dejando la sensación, a los que aún no hemos podido escuchar el disco, de que su folk psicodélico y ahora más luminoso sigue siendo músculo y esqueleto de sus composiciones, recubiertas, según la ocasión, de pop, rock de electricidad contenida, o incluso bossa nova. Contaron con Rhys Pyefinch al saxofón para los dos últimos temas, “Navega” y “La hierba”, dándole aún más lustre (¿cuándo molesta un saxo?) al enjundioso sonido de sus canciones. Un disfrute, aunque, obviamente, nos quedamos con ganas de más.

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Protegidos de Geoff Barrow (uno de los tres vértices duros de Portishead) vía su propio sello discográfico, Invada Records, Thought Forms se estrenaron en la península ibérica con una señora actuación de ‘stoner-rock’ denso y ralentizado a dos guitarras y batería, ‘doom-metal’ por momentos, iniciado y finalizado con dos largos y ruidosos desarrollos en los que también hicieron uso de ‘loops’ distorsionados de voz y hasta el ritualístico sonido de una flauta de calabaza, mientras en los temas centrales (no muchos más, puesto que también contaban sólo con treinta minutos de márgen escénico) tiraban hacia un ‘shoegaze’ y un noise-rock, de todas formas, más contundente de lo habitual en estos géneros. En otoño publicarán su segundo álbum, así que esperamos volverlos a tener de vuelta por aquí. Y en sala.

Los grandes damnificados de esta primera jornada fueron, sin duda, King Creosote & Jon Hopkins, cuyas tranquilas y emotivas piezas de folk, únicamente sostenidas en una guitarra acústica, piano y/o un pequeño armonio, y la voz del primero, llegaban confundidas a nuestros oidos por culpa del parloteo del público. Pese a su buena disposición y profesionalidad (incluso haciendo broma con las primeras filas, pese a que la mayoría se había atrincherado allí desde primera hora pensando en el grupo estrella del evento), el suplicio vivido palpitaba tras sus medias sonrisas finales.

No puedo opinar sobre el primer concierto de Portishead, ya que me reservé para ellos el segundo día, pero, a las 21:30h, el Poble Espanyol estaba, como mucho, dos tercios lleno, por lo que bastante gente apuró en su llegada al recinto.

Mucho se hablaba sobre que el antes mencionado Barrow tendría que acabar su concierto con los cabezas de cartel y descansar/cenar lo justo para ponerse al quite en la sala grande de Razzmatazz con su otra banda, Beak> -en la foto de abajo-, pero es que Billy Fuller (bajista) también acompaña a Portishead en directo, alternando las cuatro cuerdas con la guitarra, por lo que la doble actuación fue para ambos. Al final, y aunque con media hora de retraso respecto al horario previsto, el cansancio no hizo mella en ellos, y, como hace dos años en el Primavera Sound 2010, el -también- trío de -también- Bristol dio un robusto y engrasado recital de ‘krautrock’ afín a tirar de ritmo ‘motorik’, en un ‘setlist’ generosamente dedicado a “>>”, su inminente nuevo disco -fecha de salida: 2 de julio-, si bien hubo espacio para recuperar temas como “Wulfstan”, “I know”, o “Blagdon Lake”. Respecto al nuevo material, más de lo mismo (quizá lo más sorprendente fue el acercamiento a un especie de ‘post-rock’ tribal -nada épico ni majestuoso, tranquilos- que evidenció el último tema del concierto), pero aún con la inspiración entonada. Restamos expectantes, pero ya apostando sobre seguro.

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El retraso de Beak> hizo imposible ver siquiera media hora de Prefuse 73 (o igual sí, pero el despropósito de que las actuaciones en la discoteca del Poble Nou tuvieran, literalmente, “horarios aproximados”, y que todas las actuaciones estuvieran innecesariamente amontonadas, hizo que todo plan previo estuviera sujeto a la conjetura a partir del primer trastorno horario), así que valía más la pena dirigirse directamente a Lolita, donde Edan & Paten Locke (con el primero, no obstante, como protagonista) se trabajaron un divertido concierto (aunque fue demasiado que el de Maryland hiciera dos veces el ‘gag’ del cantautor soplando un kazoo -un pequeño instrumento de viento que suena a graznido-), en el que Edan recicló recursos de años anteriores, como el rapeado sobre vinilos que Locke iba enseñando al público, pero, sobretodo, con chicha, valioso en lo músical, trufado de contagiosas bases rítmicas soul, funk, y rap ‘old school’ de textura analógica (o el bajo de “Hey Joe” de Jimi Hendrix que samplea en “Making planets”, canción de su fantástico “Beauty and the beat”(2005)), y el tan sorprendente como atronador uso de un pedal de saturación en momentos puntuales.

Nathan Fake cerró la noche en el Loft atacando, primero, con una dosis de techno turbulento que posteriormente suavizó, en un directo al que, sin embargo, le pesó el abuso de recursos y la poca paciencia con cada uno de ellos, imposibilizando una dinámica que a esas horas -las cuatro y mucho de la madrugada- se habría agradecido.

El sábado 23 empezó con sorpresa para los que habíamos visto a Anímic en sus conciertos previos a la salida de “Hannah”(2011), pero no después. A juzgar por lo presenciado, el bullicio sonoro se ha apoderado de los componentes de la banda catalana, y allí donde había orden, quietud, e intimidad, ahora hay dilatados y ruidosos desarrollos de los temas, cuyo momento más memorable se vivió en la desatada ¿improvisación? con el que ‘remataron la faena’ en la última canción. Aunque su cantante, Louise, confesara que “realmente hemos aceptado tocar en el festival para poder ver gratis a Portishead” (ejem…), los allí presentes disfrutamos de lo lindo con su desmelene. Lástima que ya estén dando sus últimos conciertos (“será nuestro último bolo de Hannah todos juntos”, anunciaron previamente en su Facebook) antes de centrarse en la composición de su tercer disco.

Tras los de Collbató, repitieron Thought Forms con un ‘set’ idéntico al del día anterior, y el abajo firmante fue a descansar a unas escaleras, donde pudo contemplar la curiosa estampa de ver a Barrow y su novia/mujer dándose un garbeo por el recinto, comprando un perrito caliente, saludando a unos técnicos en la mesa de sonido, etc., ante la absoluta indiferencia del personal apalancado o esparcido por la plaza principal del Poble, como un ‘guiri’ más. Efectivamente, a nivel mediático, Portishead es únicamente Beth Gibbons.

Fuera por orgullo herido de diva o porque tenía el día cruzado, lo de MF Doom fue, sencillamente, patético. Ya fue mala decisión montar -o montarle- el ordenador desde el que soltaba las bases de los temas y logrados vídeos con viñetas de cómic con él como superhéroe (si es que todo cuadra al final) bajo uno de los andamios laterales del escenario, con todas las idas y venidas que suponía la ubicación. Su pachorra y su desgana, además, hacían presagiar una actuación discreta que se iba a sostener por la calidad de las canciones. Pero, ni eso: el rapero inglés se mostró irritado continuadamente por la indiferencia bastante general del público (que no ninguneo, ya que bastantes de los presentes aplaudían al final de los temas) y, cuando no llevaba ni veinte minutos de actuación, se marchó para ya no volver, mascullando algo así como que estaba perdiendo el tiempo (no la pasta, seguramente). Una conocida se lo encontró tras la actuación de Portishead, y el tipo aseguró que cortó por lo (in)sano porque se encontraba mal. Lo único seguro es que esta espantada hace un flaco favor al estigma de endiosados presuntuosos que tienen los artistas de rap entre los no neófitos. Y que, así, en general, fue bochornoso, demonios!

Poco pitó la ‘espantá’ el personal, ya que tras Doom venía el nombre en mayúsculas del cartel. Tras cuatro años girando “Third”(2008), quizá no estaría mal que Portishead -en la foto del encabezado y en la de abajo- llevara su repertorio más allá de la interpretación ortodoxa, pero es una banda tan dotada, honda y precisa a la vez, que es un placer contemplarles siguiendo la hoja de ruta (además, servidor les veía por primera vez). Eso, y un buen sonido (pese a que las percusiones de Barrow sonaran algo mordidas) fueron motivos suficientes para disfrutar de la casi hora y media que los británicos estuvieron tocando, y en la que sus álbumes de los noventa tuvieron la misma presencia que su única referencia discográfica de este siglo (siete a siete, y el ‘single’ benéfico “Chase the tear”(2009)). Además, claro está, de la intangible belleza mercurial de la voz de Beth Gibbons, clave para que los temas de textura más poluta y analógica de su último disco casaran bien con recuperaciones algo demodé (esos solos de ‘scratching’ y los ‘samplers’ con líricos instrumentos de viento) como “Mysterons”, “Sour times”, o una “Glory Box” coronada por un petardo (el único que se inmiscuyó, felizmente, en la acústica del concierto). Los momento más mágicos de la velada fueron protagonizados por dos de sus mejores temas recientes: “The rip”, con esa bella y sencilla melodía acústica que se vuelve cósmica cuando el sintetizador toma el relevo de la guitarra, y una imperial “Machine gun”, cuyo ritmo industrial y teclados a lo John Carpenter sonaron con la rotunidad que se merece el tema, acompañado por audiovisuales creados para la ocasión, en los que aparecían los actos de violencia de los Mossos hacia los acampados de plaza Catalunya, en mayo del año pasado. Con “Cowboys” y la falsa placidez de la sombría “Threads” cerraron el grueso de su actuación, mientras para el bis quedaron la compungida y muy celebrada por el público “Roads”, y una “We carry on” (en la que Gibbons sorprendió bajando al foso a dar la mano a toda la gente de las primeras filas), que, esta vez sí, les hizo abandonar el guión y adquirir un rostro paralelo sobre las tablas. Rutilantes.

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De nuevo en Razzmatazz, los horarios impidieron ver más de diez minutos de Clark -que empezó tarde-, y posteriormente, el último suspiro de Roll the Dice -que, tócate las narices, sí empezaron puntuales- si uno quería ver entera la actuación de Blanck Mass. Y empezó veinte minutos tarde. Pero valió la pena apostar por el ‘fuck button’ Benjamin John Power -pastado a Barrow, por cierto-, puesto que desplegó su ambient-noise a pleno volumen y sin concesiones (resultado: una decena de asistentes en la Pop Bar, entre ellos el guitarrista de los Forms). Por momentos me acordé de Main, por esa maravillosa sensación de intenso y permanente volcan sonoro cuyo magma, paradójicamente, está en denso y constante movimiento, y que Power derivó con paciencia hacia unos ritmos primero agrestes, y, ya al final, abiertamente sintéticos (entonces ya sí con -no mucho- más personal en la sala). ‘Delicatessen’ decibélicamente avasalladora a altas horas de la madrugada.

Con Ikonika y su sesión de cualquier cosa menos dubstep, pero tremendamente efectiva en su infinita ensalada rítmica (eminentmente techno-trallera, pero con alguna incursión al ‘kuduro’, e incluso coqueteando con sintes directamente ‘maquineros’) pusimos punto y final a esta fiesta ‘conciertil’ organizada alrededor del emblema musical ‘indie’ de Bristol, notable en lo artístico, pero claramente mejorable en su puntualidad y distribución.

(fuente imágenes: El País / Cuchillo Facebook / Go Mag / Roger Cañada)

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