Crítica: The Element of Freedom de Alicia Keys

The Element of Freedom de Alicia Keys

En el mundo cada vez más prefabricado del R&B Keys resulta ser la gran alternativa. Canta, escribe, toca el piano, es elegante y sexy. Pero sin duda su mayor logro es el balance estratégico tan difícil entre arte y comercio. Con ‘The Element of Freedom’ dice que ha “encontrado una comprensión de lo que es el proceso creativo simplemente siendo libre”, efectivamente la neoyorquina demuestra su dominio del soul de la vieja escuela y del R&B contemporáneo influenciado por el omnipresente hip-hop. En ocasiones, incluso, parece que ha inventado un nuevo género híbrido entre el gospel clásico y un trabajo de percusión sintética que se complementan al unísono, todo ensamblado con el poder de una voz impecable en todos sus registros.

Las canciones, ahora más que nunca, son elegantemente simples. O simplemente elegantes. El single ‘Doesn’t Mean Anything’ es una sutil balada que supone el reencuentro de la cantante con su sublime ‘Songs in A Minor’. Este tema, además, marca la línea general del disco: escuetas melodías a piano, letras auténticamente sinceras y una voz limpia, algo que, a la postre, puede resultar monótono. La producción ochentera ‘Try Sleeping with a Broken Heart’ resulta un soplo de aire fresco, y es sin duda la mayor novedad del disco junto a la aproximación reggae de ‘Love is my Disease’. Por el contrario, ‘How it Feels to Fly’ y ‘That’s how Strong my Love is’ son de todo menos innovadoras. Se echa en falta un poco de riesgo, de esa experimentación tan propia de Keys, pues son temas que no llevan su sello de identidad y podrían confundirse con producciones fáciles de cualquier artista que no escribe sus propias letras.

¿Qué hubiera pasado si Keys se hubiera unido a las Destiny’s Child? ‘Put it in a Love Song’ es la respuesta. El track resulta incómodo, fuera de su registro, quizás orientado al éxito fácil. Aunque la canción es irremediablemente pegadiza, es difícil imaginarse a la neoyorquina contoneando sus caderas al ritmo de Beyoncé. La guinda del elepé es ‘Empire State of Mind II’, una fabulosa reinvención del tema que encontramos en el ‘Blueprint’ de Jay-Z. Una sutil y elegante versión de un himno moderno de Nueva York, su ciudad, algo necesario desde la propuesta de Sinatra.

A Alicia Keys aún le falta un CD espectacular de principio a fin, pero definitivamente lo tiene dentro. El talento natural, la magia. Lo más importante es que su trabajo es siempre un placer de escuchar, y aunque en esta ocasión no resulte innovador, sigue estando un escalón por encima de la mayoría de artistas soul.

Caratulia
Escrito por Dani Valls el 8 abril, 2010 | 1 comentario
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Anónimo | 4 de julio de 2011 | 2:57 pm

To think, I was cnofesud a minute ago.

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