Crítica: Raymond VS Raymond de Usher
En el año 2004 Usher publicó Confessions y se convirtió en uno de los músicos más influyentes del panorama internacional. Temas como My Boo, con Alicia Keys, o Burn convirtieron a Usher en un icono. ¿Qué pasó después? Nada. Desapareció. Y durante este periodo no tardaron en aparecer jóvenes cantantes que parecían disputarse su trono. Justin Timberlake, Ne-Yo o Chris Brown, por nombrar algunos. Cuatro años después Usher publicó un disco decepcionante, Here I Stand. Y ahora nos presenta Raymond V Raymond, un disco de gran calidad, pero en el que se nota claramente ese miedo a quedarse atrás.
OMG, junto al ‘Pea’ Will.i.am, ya ha triunfado en medio mundo. Y precisamente este single es el paradigma del disco entero. ¿Por qué? Pues por que Usher ha dejado atrás ese R&B tan añejo y tan urbano y lo ha cambiado por el pop electrónico. Sí, ese género que está tan de moda desde que apareció una tal Lady GaGa. Pero esto es la industria musical y, ahora más que nunca, todo vale. Es un álbum repleto de singles, pero aún quedan algunos ejemplos del Usher de Confessions, Monstar o There Goes My Baby, por ejemplo.
Ahora más que nunca las colaboraciones están de moda. Lil Freak, junto a la omnipresente Nicki Minaj, She Don’t Know junto a Ludacris o Guilty, que canta con su amigo T.I. son tres grandes temas, seguramente los mejores del disco. El nuevo Usher baila más que nunca, aunque por suerte mantiene esa faceta tan sentimental-sexual en sus baladas. Seguramente haya tomado este nuevo rumbo por miedo a quedarse atrás otra vez. Quizás tras ver el triunfo de la música de su descubrimiento (sí, ahora también es cazatalentos) Justin Bieber, decidió probar suerte. De cualquier forma, Raymond V Raymond es es gran esfuerzo.
De acuerdo, el disco es una apuesta segura. Ha sonado y seguirá sonando en las radios. Ha vendido y seguirá vendiendo miles de copias. Usher ha perdido ese estilo propio que le caracterizaba y lo cierto es que el cantante no ha sacado nada al nivel de Yeah, quizás su mejor canción hasta la fecha. Pero Raymond es el mejor ejemplo de lo que te puede pasar en el mundo de la música, y en ocasiones no hay que jugársela.
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